El perro es un animal sociable y por ello necesita encontrarse con otros seres vivos, para explorar un territorio. Ya sea que esté en un departamento o en una casa unifamiliar, no puede estar satisfecho con una salida higiénica de cinco minutos después de la película o incluso permanecer enclaustrado en un jardín. Un paseo mínimo de una hora al día le permitirá gastarse, y por tanto ahorrar los muebles de la casa, e integrarse en una pseudomanada en compañía de otros perros del vecindario. Eso sí, si has elegido un perro deportivo como un Husky, el ejercicio diario necesario para el correcto desarrollo de tu compañero será mucho más prolongado.

Desde un punto de vista legal, el perro paseado por la ciudad debe llevar correa o estar al alcance del oído y alcance para que su amo siempre lo tenga bajo control. Así, si por desgracia un perro es atropellado por un coche cuando no lleva correa, es su dueño el responsable de los daños causados. Lo mismo aplica si muerde a otro perro oa una persona. Puedes evitar estos inconvenientes enseñándole a tu compañero a andar con correa, a volver a los talones sin discusión y socializándolo desde muy temprano. Los paseos en libertad están reservados para los espacios verdes, en el campo.

Pasear con correa se aprende desde temprana edad. Desde muy pequeño, el cachorro tiende a seguir a su amo. Hay que aprovechar cada oportunidad para pedirle que venga al pie. Luego le ponemos la correa. Un poco de tiempo de adaptación es, por supuesto, esencial. El cachorro tenderá a "dispararle al zorro". Luego, gradualmente, es él quien irá adelante. Tenga cuidado de no permitir que tire de la correa. Este mal hábito es desagradable y puede resultar peligroso en determinadas circunstancias. Para remediar esto, simplemente deténgase y tire en la dirección opuesta. El cachorro se encontrará desequilibrado y, tras algunos saltos mortales, se abstendrá de pasar por delante. Una vez dominado este paso, pasaremos a caminar sin correa.

El hogar es el territorio de tu compañero. Con un instinto más o menos pronunciado según su raza, vigila su casa ladrando para avisar de su presencia. Ladrar también puede expresar aburrimiento cuando el perro se queda solo durante todo el día. Pero, en ocasiones, este modo de expresión se convierte en un calvario para los vecinos. Una buena educación es la clave para las buenas relaciones con los vecinos. Enseñar a su perro a ladrar y callarse cuando se le ordena es simple. En primer lugar, damos la orden de "ladrar" y le daremos la recompensa cuando haya ejecutado. Finalmente, más adelante, solo se la daremos cuando esté en silencio mientras le ordena con voz firme que “pare”.

Si el perro está en un jardín, asegúrese de que no pueda escapar. Una buena cerca que sea lo suficientemente alta y enterrada (¡un perro puede cavar!) es esencial. Ten en cuenta que si se escapa, serás responsable del daño que cause. De hecho, siempre hay que contratar un seguro de responsabilidad civil sea cual sea el perro.

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